Este es un libro que representa la vida diaria en pequeños escenarios de infiernos afectivos y que nos confronta sin evasivas: ¿cómo vivimos el amor en el mundo de hoy?
Este es un libro que representa la vida diaria en pequeños escenarios de infiernos afectivos y que nos confronta sin evasivas: ¿cómo vivimos el amor en el mundo de hoy?

Hay libros que uno lee como si se sentaran a la mesa con nosotros. No llegan con una gran recomendación, sino con un vaso de licor, un noticiero de fondo, una cama deshecha, una ecografía guardada en el cajón...

DONDE SE ASOMA EL INFIERNO, del joven escritor Marcio Taboada (San Pedro de Lloc, 1994), es uno de esos libros que parecen hablarnos sin medias tintas, mientras seguimos con nuestra rutina. Los relatos que lo conforman nos confrontan ante una interrogante tan simple como terrible: cómo amamos y cómo dejamos de amar. Desde el índice, esta interpelación se hace manifiesta. Cada título de los veinticinco relatos es casi una pequeña escena, un anuncio de crisis, una grieta en la superficie de lo cotidiano. Uno siente que entra a una casa con muchas habitaciones y que, en cada una de estas, se discute, se fuma, se llora, se firma un divorcio, se calla algo decisivo... ¡Cómo no sentir, entonces, que el “infierno” está aquí, en cada una de esas vueltas que nos da la vida!

Infierno en casa

En “Uno de los dos no aguanta el fenómeno”, por ejemplo, el infierno se asoma en el almuerzo de un domingo. Todo parece cotidiano y normal, hasta que el hijo les dice que ha decidido separarse de su esposa. En ese momento, todo se ensombrece. ¿Quién no ha sentido, alguna vez, que algo se rompió para siempre en medio de una escena “normal”?

En “(Des)espera”, la mesa se transforma en consultorio y pasillo de hospital. Una pareja escucha el diagnóstico devastador y la brutal sinceridad del médico: “Solo queda esperar”. Él fuma, bebe, intenta escribir; ella llora en la habitación. Entre ambos, una ecografía oscila entre promesa y despedida. La espera se vuelve un infierno en cámara lenta. Pase lo que pase, esa relación no volverá a ser la misma.

“Caducidad” lleva la pregunta a un territorio escalofriantemente actual. Teresita, la hija posible, ha sido “revertida” y su vida descansa, detenida, en un pequeño frigorífico, con fecha límite. Mientras tanto, la pareja florece: estudia, trabaja, viaja, vuelve a desearse, respira una nueva vida. El dilema es brutal: ¿qué clase de amor es aquel que debe elegir entre la hija que podría ser y la vida que, por fin, parece funcionar bien?

El amor en el fuego

A lo largo del libro, la familia aparece como campo minado y refugio arruinado. Hay esposos que regresan de un centro de rehabilitación por violencia, con esta promesa: “El hombre que nos hizo daño ya está muerto”. Mientras tanto, mujeres e hijos dudan de esa muerte simbólica. Hay hijas que se van en bus “a hacerse la vida”, dejando a un padre desolado frente al paisaje urbano. Hay parejas que sostienen una farsa de armonía “por los hijos”, aunque todos sepan que esa “obra de teatro” no engaña a nadie.

Estos “infiernos”, sin embargo, no se limitan a la intimidad del hogar. Asoman en el zapping de un programa de televisión que convierte el insulto y la humillación en espectáculo. Asoman en la oficina donde el suicidio de un jefe destapa una cadena de silencios y culpas. Asoman en un noticiero que enumera muertes y violaciones mientras alguien prende un cigarro y se pregunta, casi con inocencia tardía: “¿y el amor?, ¿dónde está el amor?”.

Voz que desarma

Lo que sostiene este universo es una voz narrativa de una honestidad inquietante. La mayoría de los relatos están contados como si un amigo nos hablara en cualquier lugar común. Esa voz, lejos de valorar o juzgar, se muestra con sus contradicciones, su cobardía, su ternura y sus autoengaños. ¡Cómo no reconocernos, aunque no queramos, en algunos de esos vacíos y de esas pequeñas crueldades!

Por otra parte, el lenguaje viene cargado de oralidad: jerga, lisuras, bromas, frases hechas, referencias a programas, etc. Pero esa superficie coloquial convive con una mirada literaria que dialoga con Raymond Carver, Lucia Berlin, Samanta Schweblin y otros nombres que se asoman explícitamente en los cuentos. El resultado es un registro híbrido (culto y cercano a la vez): podemos leerlo desde la teoría del cuento contemporáneo, pero también desde una simple pregunta: ¿por qué nos choca tanto esto que se está relatando?

Mirémonos aquí

“Donde se asoma el infierno” no es, pues, un libro complaciente. Es un libro que apuesta por el desasosiego, por las escenas de quiebre, por la crudeza de la palabra … Es posible que esa insistencia pueda sentirse como una reiteración. Sin embargo, justamente ahí, en esa obstinación, la obra nos confronta: ¿es el libro el que repite las escenas o somos nosotros quienes las repetimos con la vida que llevamos?

Marcio Taboada, en su nueva obra, nos invita a mirar nuestras propias escenas diarias. Nos induce a reconocer dónde se cuela el daño, la renuncia, el miedo, pero también a comprender la necesidad y la posibilidad de cuidar mejor nuestras relaciones.

Queridos(as) lectores(as), dense un tiempo y permítanse transitar por estas historias. Si alguna vez han amado, han tenido miedo por un hijo o han sentido que la noche pesa más que el día, este libro es para ustedes.

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