Febrero marca el inicio de un nuevo ciclo en el calendario chino. Un momento en el que la renovación, la continuidad y el progreso cobran protagonismo. Es una invitación a honrar lo que perdura y a acoger lo que aún está en desarrollo. Falta poco para que empiece un nuevo año y desde acá celebramos el inicio de este ciclo para el Chifa Titi que estrenó hace unas semanas un nuevo local en La Molina.
Es un espacio elegante, con una imponente barra de coctelería de autor, terraza abierta en el segundo piso, un área para la pastelería y cocina a la vista. Llegan por todo lo alto a una zona de público bastante definido, con una propuesta que busca ir un poco más allá de lo esperable. Y aunque tienen poco tiempo abiertos, es usual ver el local lleno de comensales desde tempranas horas.
William “Titi” Chan y su esposa Juana Chin abrieron las puertas de su primer espacio en los años 50 en plena calle Capón. Un lugar sencillo, con mesas y sillas hechas por ellos mismos, pero siempre visitados por los amantes del buen comer. Las mudanzas fueron varias, buscando mejorar y crecer. Hasta que llegaron al emblemático local de San Isidro, donde la segunda y tercera generación de Chan han estado a cargo del negocio hasta el momento. Un restaurante que en su momento decidió crecer, no en su número de locales, sino en cuanto a calidad, que ha venido satisfaciendo la demanda del gusto local sin sacrificar autenticidad ahondando en milenarias tradiciones y técnicas. El Chifa Titi se ha convertido en estos años, en un símbolo de calidad, con una carta abundante y variada, donde se cuida mucho la procedencia de los insumos, y el servicio. Esto lo ha llevado a obtener el premio al Mejor Restaurante Chifa en los premios Summum durante muchos años y ahora también en los premios Somos.
Pero la idea del segundo local estaba allí. Fue pensada al detalle y tomó tiempo. Había que encontrar el local ideal, uno de los grandes retos para la restauración en nuestro país en estos momentos. Y por supuesto, también garantizar a los comensales la misma calidad, sabor y atención a la que están acostumbrados.
Hace un año aproximadamente apareció este espacio, el recordado local del restaurante Nanka en La Molina, que la familia Chan ha sabido adaptar con elegancia y respeto, junto a Costa Herrera Arquitectos, logrando un lugar que apunta a combinar tradición, técnica e identidad propia.
Su cocina es un amplio muestrario de platos tradicionales de Sechuán y Cantón con guiños a otras cocinas de oriente como la Thai. A cargo se encuentra Bruce Loo Chan, quien con una sonrisa nos muestra algunos de los platos que ha seleccionado para esta ocasión: rollitos primavera, el wantán que para nosotros es de los mejores de la ciudad o los Dim sum, claros ejemplos de su propuesta: rellenos generosos con carne picada a cuchillo. Cocción larga para que la masa se ahume, y luego se fríen. Las salsas son hechas en casa. Probamos también las costillas de cerdo horneadas, servidas con una salsa ligeramente picante. O el pato asado al sillao que es un manjar. Titi tiene también platos especiales que requieren pedido anticipado.
La propuesta es similar en ambos espacios. Pero el nuevo local trae sorpresas que amplían la experiencia del comensal. Una de ellas, y de las más celebradas es la ampliación del área de repostería. Ahora además de los clásicos min paos y tartaletas de creme brûlée, hay elegantes postres al plato muy bien ejecutados, como el de chocolate amargo, elegante y sabroso; y que completa la experiencia de esta cocina refinada y cuidadosa. La Molina incluye también horario corrido, lo que les permite desarrollar Dim Sum, bollería china, y una barra de té artesanal muy buena. El Titi amplía su camino y aplica una vez más todo el conocimiento adquirido con los años para preservar su calidad y constancia en un espacio que enaltece su cocina.
Sedes
- La Molina: Calle Los Bambúes 198.
- San Isidro: Av. Javier Prado Este 1212
- Reservas en @chifa.titi





