El Niño Costero ha llegado con fuerza y hoy lo sienten con intensidad en la costa norte, Arequipa, Ica y también en Lima, donde el calor y la crecida alarmante del río Rímac nos hacen ver que la cosa se está poniendo complicada. Recordemos que en 2017 hubo un evento similar que tuvo su etapa más crítica en los últimos días de marzo, cuando el corazón de Piura y Catacaos terminaron bajo el agua y el centro histórico de Trujillo vio bajar un huaico a través de la quebrada San Idelfonso.Fue el evento de 2017, durante el gobierno de Pedro Pablo Kuczynski, que llevó a la creación con bombos y platillos de la llamada Autoridad para la Reconstrucción con Cambios, que resultó siendo un fiasco y una tomadura de pelo, pues en 2023, ante el llamado Ciclón Yaku, los peruanos vimos que pese a los millones de millones con que contaba, dicha institución no había sido capaz de hacer obras capaces de soportar los embates de la naturaleza.Hoy vemos que pese a los cambios, recambios y más cambios, Tumbes, Piura y Chiclayo amanecen bajo el agua cuando llueve, que el Rímac amenaza Chosica y Chaclacayo, que la Panamericana Sur se sigue cortando en Ocucaje, y que Arequipa vive un drama como pocas veces se ha visto. ¿Qué han hecho con la plata?, ¿a quién le reclamamos?, ¿a PPK?, ¿al “lagarto” Vizcarra?, ¿A Castillo?, ¿a Dina Boluarte?, ¿a José María Balcázar que se entera de los huaicos por la televisión?Pero no solo me preocupa lo que pueda hacer el Niño Costero por estos días. Es de esperarse que el Poder Ejecutivo, y en especial el Ministerio de Salud, sean muy conscientes de que luego de las lluvias, desbordes y huaicos, viene una disparada de casos de dengue trasmitido por los millones de zancudos que surgen en las aguas estancadas. Es causa y efecto. No hay más vuelta que darle el asunto, por lo que si no se toman las medidas del caso, nos vamos a ver frente a una epidemia. Cada vez que ha habido situaciones como las que vivimos por estos días por el incremento de temperaturas, hemos comprobado lo que padecimos durante la pandemia de COVID-19: que nuestro sistema de salud pública es un desastre. Ojalá que esta vez no falten camas y pastillas de paracetamol para los afectados por dengue, que cuando hay aumento de casos tienen que recibir atención en pasadizos de postas y hospitales, o esperar en mototaxis a que alguien los reciba mientras se retuercen por los dolores.




