En los últimos días, Chile y Panamá han sido golpeados por sendos desastres naturales. En Chile, un aluvión arrasó sectores residenciales de Las Condes, en Santiago. Más de 3,000 personas resultaron damnificadas y seis fallecieron. En Panamá, un terremoto de magnitud 7.7 causó pánico en la capital y, al cierre de este editorial, aún no había un reporte oficial de daños ni víctimas. Hacemos votos porque sean pocos.

Esta seguidilla de desastres naturales hace que nos preguntemos ¿y cómo está el Perú? Senamhi lleva meses advirtiendo que El Niño Global llegará con intensidad severa entre noviembre y enero. La Cámara de Comercio de Lima advirtió que más de S/ 11,600 millones en obras de prevención permanecen sin ejecutar. El Estado aún no termina ni los expedientes técnicos de varios proyectos de infraestructura prometidos tras el Niño Costero de 2017. Provías Nacional aprobó su plan de prevención vial por S/ 818 millones recién el 31 de julio, cinco meses después de emitida la alerta oficial, cuando el periodo de mayor riesgo ya había comenzado. La Contraloría lo documentó esta semana. No es una sorpresa: es el patrón de siempre.

El Perú sigue mirándose el ombligo pese a que las autoridades saben lo que se viene. Parece que quisieran contar muertos en vez de obras de prevención porque prepararse no da réditos. La vida por unos votos.

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