El desmadre ministerial visto en estos días es un claro efecto del Congreso de pacotilla que tenemos, el mismo que censuró a José Jerí sin cumplir el proceso de vacancia; y que horas después eligió como jefe de Estado a un personaje como José María Balcázar, un octogenario comunista que traía bajo el brazo un triste prontuario de procesos en el sistema de justicia –uno de ellos por robo de plata– y lamentables declaraciones sobre las relaciones sexuales entre hombres adultos y niñas.
Con los frecuentes cambios de presidentes y ministros, en ninguna parte del mundo podemos ser considerados un país serio. Qué continuidad en la gestión pública en favor del ciudadano puede existir acá, donde llevamos cuatro presidentes en cinco años, y un sinnúmero de jefes de carteras. Antes ser ministro era un honor, la cúspide de una carrera política o profesional. Hoy cualquiera que sale del anonimato con un fajín, en una o dos semanas vuelve a la irrelevancia de donde salió.
La responsabilidad de todo es esto es del Congreso que aparte de mandar al olvido a un mandatario de manera irregular sin haber llegado a un acuerdo para poner en Palacio de Gobierno a alguien capaz de conducir los destinos del país por cinco meses, con varias crisis en curso, encima se pone exquisito y se niega a dar el voto de confianza al equipo formado por el mandatario que ellos mismos han elegido. O sea, ponen un presidente y luego le jalan la alfombra.
Lo más indignante de todo es que el motivo de fondo para sabotear el Perú una y otra vez es el cálculo electorero de los 88 legisladores que tratan de repetir el plato. Por estos días votan de acuerdo a lo que creen que les da la posibilidad de volver a tener un escaño. Sacaron a Jerí, pusieron a Balcázar y luego le hacen asco a su primer gabinete encabezado por Denisse Miralles, todo por unos cuantos votos. ¿Y el país y los ciudadanos? Es lo que menos les interesa.
Las elecciones generales del 12 de abril son una excelente oportunidad para pasarle factura a toda esta gente. Ideal sería que ningún congresista salga reelecto a manera de sanción política generalizada contra este Parlamento de espanto plagado de “mochasueldos”, “niños” y gente servil a los intereses de los dueños de sus partidos, pero eso es imposible. Lamentablemente vamos a tener que ver otra vez a muchos que, no tengo la menor duda, seguirán con las mismas mañas.




