Siempre resulta irónico ver a grupos que se dicen “defensores de derechos humanos” apoyando candidaturas como la de Roberto Sánchez, de Juntos por el Perú, cuando el hombre viene apadrinado de un criminal como Antauro Humala, y de elementos cercanos a bandas genocidas como Sendero Luminoso y el MRTA, algunos de los cuales incluso han sido elegidos como parlamentarios.
Además, la postulación de Sánchez cuenta con el apoyo, desde el penal Ancón I, de Guillermo Bermejo, condenado en primera instancia por afiliación a Sendero Luminoso, pero no al llamado “histórico” que luego tuvo como fachada al Movadef, sino al “militarizado” que sigue matando, traficando cocaína y secuestrando niños –los llamados “pioneritos”– a los que pone de carne de cañon en la selva. ¿Y sus derechos humanos?
Está muy bien que recuerden a los asesinados en La Cantura, Barrios Altos y demás. Y ojalá que los criminales cumplan sus condenas hasta el último día. Pero si van a tener al lado a Antauro Humala y a terroristas reciclados, asolapados y nostálgicos de los coches bombas y los tiros de gracia en la sien a los policías, todo en nombre de la “revolución”, no vengan a hablarnos de derechos humanos. Eso es una tomadura de pelo.
Los derechos humanos son de todos y se defienden siempre, no en campaña electoral ni para apoyar a un candidato que viene rodeado de gente de pasado manchado de sangre y que reivindica a un expresidente como Pedro Castillo, que formó un sindicato de profesores radicales con el Movadef. Y eso no es “terruqueo”, es la pura verdad.




