Si ya teníamos bastante con ver a Alianza para el Progreso (APP) pidiendo la salida del presidente José Jerí por el escándalo del llamado “chifagate” luego de haber blindado a Pedro Castillo y a Dina Boluarte hasta el final de sus lamentables mandatos, ahora los peruanos hemos soportado a Roberto Sánchez, exministro y hasta hoy socio político del golpista, quien en estos tiempos sí cuestiona las reuniones clandestinas y la falta de transparencia de quien ocupa el Sillón de Pizarro.

Sánchez está en campaña y sueña con ser presidente. Busca votos y por eso exhibe una doble moral que llama a la vergüenza ajena. No se le movió un pelo mientras su jefe Castillo se reunía en la casa de Sarratea con proveedores, era acusado de recibir sobres con dinero sucio, de hacer nombramientos a cambio del pago de un “peaje”, de poner a impresentables y prontuariados en el aparato estatal, y de usar aeronaves del Estado para paseos familiares.

En medio de todos esos escándalos, Sánchez seguía siendo un fiel ministro de Comercio Exterior y Turismo, cargo que además siempre le quedó inmenso. Pero hoy, como el presidente no es el condenado Castillo, sino Jerí, este triste personaje de nuestra izquierda radical que quiso reciclar a Antauro Humala pese a sus antecedentes criminales, la pega de moralista, y se muestra indignado de que un mandatario en ejercicio se reúna en secreto con un empresario y que con eso genere inestabilidad al país.

Desde un principio he señalado que el presidente Jerí es indefendible y que ha hecho todos los méritos para ser echado del cargo, tanto por sus reuniones clandestinas como por su débil defensa, pero que no vengan los falsos profetas de la moralidad, la decencia y las buenas artes en la política como Sánchez y otros, a aprovechar este lío que afecta a todo un país que necesita orden y estabilidad, para tratar de ganar votos en medio de la inexistencia que muestran en las últimas encuestas.

Los candidatos deben tratar de ganar la aceptación de los votantes con propuestas viables en favor de los peruanos y exhibiendo trayectorias políticas impecables, algo que no puede mostrar el exministro castillista Sánchez, y no con poses estudiadas, movimientos de cintura que nadie cree y discursos de plazuela en medio de una coyuntura compleja para el país. Los electores deberían estar curados de esta clase de elementos nocivos que suelen mostrarse en toda su magnitud cada cinco años.

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