En los últimos días del gobierno de Ollanta Humala, en julio de 2016, el entonces presidente y su esposa Nadine Heredia aparecieron en el Salón Dorado de Palacio de Gobierno en una actividad pública, al final de la cual, como despidiéndose de los periodistas, muy risueños y agitando las manos y los brazos, dijeron: “nos van a extrañar”, lo que sin duda fue celebrado por los colegas y todos los presentes. Fue un momento de chacota. Semanas después, Pedro Pablo Kuczynski tomó las riendas del país.

Es evidente que nadie en su sano juicio puede extrañar en sí al gobierno de Humala y Heredia, que llegaron como los paladines de la lucha contra la corrupción y veamos dónde están ahora. Sin embargo, no se puede dejar de lado el hecho concreto de que el comandante fue el último mandatario peruano que pudo terminar sus cinco años de mandato. En los diez años posteriores a su paso por el poder, siete personas han ocupado la Presidencia de la República, y hoy podríamos tener a una octava.

En la última década, desde que PPK llegó a Palacio de Gobierno, el cargo de presidente ha padecido de una inestabilidad pocas veces vista en nuestra historia y en la de países vecinos. Quizá nos podamos comparar con Ecuador luego de la salida de Abdalá Bucarám en 1997. Acá los mandatarios están durando un año y algunos meses más, algo imposible para cualquier país que quiera ser tomado en serio como tal, y como destino seguro de las inversiones que se necesitan.

Se suponía que con José Jerí íbamos a llegar sin mayores ruidos hasta julio. Eran apenas ocho meses en los que con el buen gabinete ministerial que se logró armar, el país debía caminar tranquilo en medio del proceso electoral y la sucesión constitucional. Eso sí, había que trabajar mucho contra la inseguridad, y no solo frente a las cámaras. Sin embargo, en una gran demostración de que el cargo le quedó inmenso, el mandatario interino se metió en chanchullos con empresarios chinos dudosos y amigas en busca de empleo.

Pase lo que pase hoy en el Congreso, a los peruanos sólo nos queda apuntar a elegir este año a un mandatario que gobierne con honestidad, capacidad, liderazgo y vocación de consenso, para que permanezca por cinco años en el cargo, y no veamos con nostalgia aquellos tiempos como los de Humala, en que los gobernantes no eran vacados en medio de escándalos, por más que siempre existan las críticas y los cuestionamientos que la democracia permite.