Los peruanos sabíamos que los resultados de esta segunda vuelta iban a ser muy ajustados, pero no tanto. Al cierre de estas líneas la diferencia entre Keiko Fujimori (Fuerza Popular) y Roberto Sánchez (Juntos por el Perú) era bastante apretada, por lo que lo responsable es esperar con paciencia, serenidad y espíritu democrático el final del conteo oficial de la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) para saber quién, guste o no, tomará las riendas del país por los próximos cinco años.

En ese sentido, lamentable la actuación de Sánchez en la noche del domingo cuando se conocieron los ajustados resultados de conteos rápidos de dos encuestadoras que en todo momento advirtieron que estábamos ante un “empate técnico”. Eso no hace ningún favor a tratar de calmar la tensión ya existente entre los ciudadanos, cualquiera sea su opción. Sus asesores debieron hacerle ver que estaba cometiendo un gran error, que luego sus voceros han tratado de maquillar con malabares verbales.

Lo mejor que hizo Sánchez luego de esa patinada que podría pasar a la historia si resulta perdedor, fue hacer llamados a la calma e ir al Congreso a trabajar. Sin embargo, ayer por la mañana la volvió a embarrar al lanzar un “tuit” hablando de “maniobras y voluntades por torcer la democracia”, algo que reforzó en posteriores declaraciones a los medios. Si el caballero cuenta con evidencias, esas que tampoco exhibió cuando las encuestas lo pusieron en primer lugar, debería mostrarlas en lugar de botar semejante irresponsabilidad.

Pero más allá de las actitudes del candidato Sánchez, lo también cuestionable es que en las redes sociales ciertos personajes ya comiencen hasta a llamar a movilizaciones callejeras en contra de lo que consideran un “fraude” o un “robo de la voluntad popular”. Cuidado con eso de que “arderán las calles” o de “el pueblo no va a permitir que se burlen de su voto”. ¿Llamados a la violencia a la vista? La Policía Nacional y el Ministerio Público deberían estar muy atentos a esto.

En democracia gana el que tiene más votos, siempre y cuando el proceso no sea cuestionado como sucede ahora, en que no se han reportado incidencias que puedan afectar el sentido de la voluntad de los ciudadanos. Reitero, si alguna de las partes cuenta con al menos indicios de que eso ha sucedido, existen canales formales para las denuncias respectivas, más allá de estar soltando dudas y haciendo llamados a movilizaciones que sólo contribuyen caldear los ánimos y dividir más a los peruanos.